| El porvenir de la libertad |
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| escrito por internautas por la paz | |
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La libertad no la tienen los que no tienen su sed SE HACE MENESTER SUPERAR LA ACTUAL OFENSIVA CONTRA LA LIBERTADEl progresista del siglo XIX, después del antiguo régimen y la iniciación de la democracia parlamentaria, tenía la impresión de haber inventado y estrenado la libertad política. ¿Era efectivamente así? Los hombres se han sentido libres en muy diversas épocas y países, en innumerables situaciones históricas, en condiciones que a nosotros nos parecen inconciliables con la libertad. A la inversa, en las épocas más “favorables”, muchos hombres no son libres, y aun los que consideramos tales no serían vistos de igual modo por hombres de situaciones que nos parecen dignas de compasión por su falta de libertad. Lo mismo que en situaciones de peligro se eleva el “umbral” de lo alarmante o inquietante, y por debajo de él no se siente temor, libertad y opresión dependen de la pretensión que cada momento tiene el hombre. Cuando se cree que “las cosas son así”, nadie se siente oprimido, como nadie siente particularmente las consecuencias de la gravedad o la resistencia del aire. En los pueblos que carecen permanentemente de libertad política, la inmensa mayoría de los hombres no la echan menos; y si les dijeran que estaban oprimidos tendrían una reacción de sorpresa. A la inversa, no es imposible persuadir a los hombres libres de que no lo son, y hoy asistimos a este fascinador espectáculo. La técnica es sencilla: se reclama la libertad que se tiene; se declara que no la hay, mientras se la está usando; se hace clandestinamente lo que se puede hacer públicamente y a la luz del día. Para esto se ha inventado la palabra underground: en países en que no existe ni sombra de censura, hay revistas, teatro, cine underground, frecuentemente con subvenciones de tal o cual fundación o del Estado. Se puede discutir durante varios días si hay o no libertad de expresión, para llegar a una conclusión negativa, y todo ello, discusión y conclusiones, se celebra en la televisión y se publica en los periódicos, ante los ojos de todo el país. A la pregunta ¿cuando hay libertad? habría que responder: cuando se respeta la realidad. Cuando no se la fuerza, no se la suplanta por otra, no se va más allá de lo que las cosas verdaderamente son. Esto quiere decir que la libertad es posible en muchas formas, con diversas estructuras sociales, con muy diferentes regímenes políticos, a distintos niveles económicos y técnicos. Cada una de esas formas tiene sus propios requisitos y su propio contenido de libertad. Con un elemento común, permanente, a través de su variación histórica; lo primero que hay que respetar, porque es la clave de toda realidad: la condición humana. Si el hombre es una realidad dramática, proyectiva, futuriza, circunstancial e intrínsecamente libre, este es el punto de partida. La fidelidad a la estructura de la vida humana exige la posibilidad de su realización adecuada; y esto quiere decir la capacidad de proyectar y de cumplir -en la medida en que circunstancialmente sea posible- los proyectos personales y colectivos . En otras palabras, la libertad humana reclama la libertad política y social. Si las condiciones económicas no permiten al hombre una vida decorosa, las meras posibilidades políticas reconocidas en una legislación son inoperantes. Esto es indudablemente cierto, y ha sido un mérito incontestable de los movimientos socialistas el llamar la atención sobre los aspectos económicos de la libertad, y mostrar cómo no basta una declaración de principios, que fue la tentación de los primeros demócratas modernos, desde la Revolución francesa. Únicamente habría que hacer un par de reservas. Las libertades que se llaman “formales” son precisamente las que informan la totalidad de la vida político-social, y en modo alguno son desdeñables; desde luego insuficientes, son absolutamente necesarias; sin ellas, ninguna otra libertad puede prosperar, ni siquiera la de quejarse de la situación cuando es lamentable. Esto quiere decir que no puede uno contentarse con las libertades “formales” o puramente políticas, pero hay que empezar por ellas, y si faltan es vano cuanto se diga de las demás. La contraposición -tan usada hoy- entre libertad política y justicia social es absolutamente inadmisible, porque la privación de la libertad política es ya la más grave injusticia social. El porvenir de la libertad depende de un problema de equilibrio. Si existe un número suficiente de hombres y mujeres capaces de ejercer su libertad personal y no dejarse imponer por ningún tipo de terrorismo si las sociedades conservan suficiente elasticidad para que sus voces no caigan en el vacío, se superará la inmensa ofensiva actual contra la libertad, y esta prevalecerá. La libertad es algo que se hace, que tenemos que hacer cada uno de nosotros. ¿Cómo? Ejercitándola, usándola, hasta donde es posible, hasta donde tropiece con la libertad de los demás. Pero hay que “tomarse la libertad” -la libertad a que se tiene derecho- hasta el límite de lo posible. Las campanas de España deben llamar alegremente al entusiasmo por la libertad. |
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